LECTURAS PARA LA EVALUACIÓN I DEL CURSO: “EL CINE COMO RECURSO PARA UNA
PEDAGOGÍA DEL ENCUENTRO”
Fuente: educadesdelaciencia.blogspot.com
Autora: Lilian Arellano Rodríguez.
Primera Lectura: Un
modo de entender la persona y la educación.
Cuando decimos “yo” amo, estudio,
corro…. Aludimos a un ser único, íntimo, consciente (aunque no siempre) de su
ser y actuar… un ser indivisible, en el que, si distinguimos dimensiones, es en
orden a estudiar la complejidad propia de su riqueza de ser. Así, decir “Estoy afectivamente mal”, no
significa que sólo está afectada esa dimensión, como si se tratara de la pieza
de un rompecabezas que si está defectuosa,
sólo hay que reparar o cambiar por otra, ya que no afecta a las demás,
ni al todo. No estamos compuestos de
partes yuxtapuestas (una al lado de otra) sino que somos un ser unitario que,
según la situación de vida que estamos viviendo, es el aspecto o dimensión que
influye más o menos en lo único real que es el todo. Es a esta indivisibilidad, unidad real, a la
que quiero aludir cuando digo que somos seres “unipluridimensionales”. Por ello, es importante el ambiente
educativo, desde el punto de vista de la comodidad para escuchar, ver,
sentarse, aire, luminosidad… buen trato, afectividad, respeto, lenguaje… forma
de entregar los conocimientos, trabajo colaborativo, salud de los
participantes, capacidad de expresarse y de escuchar…
A diferencia de la mera
instrucción, que va dirigida a un aspecto del ser humano, por ejemplo,
instrucción en geometría, la educación es dirigida a la persona misma, por lo
cual debe ser integra. Si hablamos de
educar la corporalidad, por ejemplo, no estamos refiriéndonos al cuerpo como
parte, sino a aquella dimensión humanizada o espiritualizada (como prefieran
llamarle) a través de la cual expresamos nuestros afectos ( con el abrazo, por
ejemplo), nuestra alegría o sentido del humor, nuestros pensamientos a través
del lenguaje, simbolizamos o invocamos con una postura de manos la oración o la
señal de la cruz (acorde nuestras creencias), expresamos una vocación artística
con el canto o la danza, lo vestimos de una forma u otra según rituales, lo
cuidamos según nuestras virtudes, vicios e historia de vida y cultura… Sólo haremos una reseña de cada dimensión,
pues cada una de ella es tema de más de un semestre.
1.-
Educación de la corporalidad:
Debemos educar nuestras sensaciones, percepciones, movimientos, de tal forma de
tal la corporalidad nos presente, represente y sea un medio de realización
personal. Aunque mi esencia no sea de
índole corporal, es la corporalidad –aquí, ahora- la que tiene la misión de
expresar nuestra presencia. Digo
expresar, pues las cosas se muestran, las personas se expresan. En la expresión, a través de un aspecto se
presenta un todo invisible. Es a lo que
se refería el Principito de Saint Exupery, cuando decía: “Lo esencial es
invisible a los ojos”. A través de la
mirada expresamos sentimientos, estados de ánimo, quien soy. Nuestra postura corporal puede expresar
rechazo, juegos de seducción, agresividad, creencias… El ser humano se degrada
cuando rebaja su corporalidad a cuerpo y sólo lo muestra; es el caso de la
pornografía, la prostitución, algunos
concursos en los cuales la persona es reducida a “exposición canina”. A través de la corporalidad la persona expresa
toda su historia biográfica… No son lo mismo las manos de un jardinero, boxeador,
músico, cirujano… las manos de una persona de 3 meses de gestado que a los 2
meses de nacido, 15, 50, 70 o más años.
Cuando amas y miras al amado, aunque sea un oftalmólogo, esperas que él
acoja esa mirada de amor y no que te diga tienes el cristalino opaco. Por ello, los amantes siempre se encuentran
bellos y, por lo mismo, el Quijote vio en Dulcinea a la dama que los demás no
habían descubierto; ni siquiera ella misma…
A través de nuestra
corporalidad danzamos, marchamos, expresamos nuestras ideas; en fin, nos
realizamos. Hay que educar el oído para
distinguir la música del ruido; educar la mirada para apreciar la belleza y
distinguirla de la fealdad… Nuestra corporalidad se viste y simboliza ideas,
ritos, situaciones: los indios pintan su rostro para representar situaciones de
paz o guerra, los soldados marchan con bototos para simbolizar fuerza; el joven
regala un anillo de compromiso; la persona se viste de distinta forma si va a
dormir, a casarse o al trabajo… Las personan rinden homenaje a su patria a
través de una bandera o besan el suelo en señal de respeto. Por ello, el ser humano, desde siempre tiene
un ritual de la muerte y entierra los cuerpos, porque ellos representaban la
historia de una vida única…
2.-
Educación de la afectividad:
Debemos educar nuestros afectos, sentimientos, emociones. Todos tenemos la capacidad de amar pero
debemos aprender a amar y ser amados. Aprender a distinguir entre amar querer, amor y obsesión. El mundo de los afectos es amplio, complejo y
puede confundirnos: cariño, soledad, angustia, temor, miedo, inseguridad,
sobrestimación, amor de amistad, amor de pareja, amor a la humanidad o al
semejante, amor pedagógico… Debemos educar el amar, para aprender a amar y a
ser amados
3.-
Educación de la moralidad:
Todos somos honestos, justos… pero en potencia que hay que educar: aprender a
respetar, a ser considerado, prudente, generoso, responsable, laborioso,
agradecido, fuerte... Las virtudes son
muchas y, en la medida que no las actualizamos, se actualizan los vicios que
también son hábitos: deshonestidad, injusticia, irrespetuosidad,
desconsideración, imprudencia, irresponsabilidad, flojera, ingratitud,
debilidad
4.-
Educación de la sociabilidad:
Cada uno de nuestros actos afecta a los demás: Somos hijos de…, amigos o
enemigos de…, vecinos de…, profesor o alumno de..., jefe o subordinado de…,
ciudadanos de… y todo ello hay que aprender a serlo. Aprender a compatibilizar en forma justa el
bien personal con el bien común que, si es verdadero bien, perfecciona a todos y a cada uno de los integrantes de un
ámbito social. Aprender a convivir en
paz que es armonía, proporción y justicia que es equidad. Aprender a dar y recibir lo justo: no más ni
menos de lo que se debe. Aprender a
cumplir con el deber para tener derechos, pues donde todos piden derechos pero
nadie cumple con su deber no se puede vivir; como tampoco a la inversa. La
sociabilidad es un tema de gran interés educativo: educación para la
convivencia familiar, educación ciudadana, educación para la convivencia
escolar, educación para la convivencia en diversidad.
5.-
Educación de la intelectualidad: Debemos educar nuestro
entendimiento, discernimiento; nuestra capacidad de encuentro con la verdad
real y con la expresión de la misma, aprender a indagar y a enseñar la verdad
aprender a expresarla sin desvirtuarla.
6.-
Educación de la esteticidad:
Debemos aprender a descubrir, admirar y gozar de la belleza de la naturaleza y
de la obra de arte; de la belleza del ser personal… Aprender a cultivar la
belleza natural y artística…
7.-
Educación de la transtemporalidad:
Nuestro tiempo no es lineal: No son lo mismo 5 minutos en la antesala del
dentista, en un examen difícil, en una celebración o junto a quienes amamos…
Nuestra existencia es biográfica: hay personas que pueden haber vivido mucho
tiempo y no haber realmente “vivenciado nada”… Nuestra existencia se va
construyendo con aprendizajes que van formando parte del tesoro acumulado a
modo de recuerdos… Pero debemos aprender a distinguir entre lo que hay que
atesorar y lo que hay que poner en la bolsa de la basura y desechar: no
anclarse en el pasado que pasó, sino mirar el futuro para en el presente hacer
proyectos: quién quieres ser, cómo lo serás, qué deberás entonces hacer, No vaya a suceder que llegados al final de
nuestra vidas actuales… nos demos cuenta que, realmente, no hemos vivido por
olvido de nosotros mismos y no descubrimiento de quienes debíamos amar.
8.-
Educación de la transespacialidad: Aprender a habitar el
espacio, a transformarlo en ciudad, en hogar, escuela, universidad… Tema importantísimo y tan dejado de lado por
los profesores. No sólo necesitamos un espacio
donde estar sino que necesitamos un lugar para realizarnos, hacerlo nuestro,
que nos exprese. Cuando digo “hacerlo
nuestro”, no me refiero a un nuestro de propiedad sino de vínculo, de
compromiso, de amor. Ese nuestro –y
vuelvo al Principito- de la rosa que es única porque tú la cultivaste, a ella
dedicaste momentos de tu vida; el mismo nuestro cuando con nostalgia echamos de
menos “mi casa”, “mi barrio”, mi ciudad”, “mi país”, “mis amigos...” No se trata de “tener” una casa sino de
educarse para ser capaz de formar un hogar; construir un pueblo, una ciudad, un
país, una escuela, una plaza…
9.-
Educación de la religiosidad:
Debemos educarnos para distinguir ignorancia de misterio. De las ignorancias, el hombre puede salir por
sí mismo; de los misterios no; pues nos referimos a preguntas por el antes y
después de esta vida. ¿Por qué y para
qué fuimos creados? ¿Existe el Bardo? ¿Por qué nacimos precisamente aquí, en
esta familia y tiempo? Cada religión
tiene sus creencias; cada persona las tiene… Lo importante es estar consciente
de ello e insisto: respetarnos. Todo
credo que saca a luz lo mejor de ti, es muy respetable. Por supuesto, el estudio de esta dimensión
es extenso complejo; su educación lo es más.
Segunda
lectura: Un modo de entender la responsabilidad y la educación.
Para educar en
responsabilidad, debemos educar desde la realidad de un ser humano “situado”,
que nos permita cumplir con aquellos tres momentos éticos de que habla Ignacio
Ellacuría: hacerse cargo de la realidad, cargar con ella y encargarse de ella
para que sea como debe ser.
Si queremos educar, debemos
conocer la realidad que viven nuestros educandos; cómo la experimentan, qué
sentido y valor le dan en el marco y horizonte históricos de sus vidas. Ser
científicos es ser investigadores, indagadores de la realidad misma: es en la
realidad donde encontraremos la explicación de lo que le acontece. Esto, que
pareciera obvio, a veces parece olvidarse; pues son muchos los que hacen
discursos sobre cómo educar sin mirar al educando real; sin interesarse por sus
anhelos y temores, sus penas, alegrías y esperanzas o desesperanzas. La
hipótesis, la variable determinada, la muestra, la fórmula estadística…;
eficaces en el ámbito del mundo predeterminado y lógico - matemático; dejan de
lado, desde el punto de partida, lo más esencial del ser humano: su toma de
conciencia, su libertad, su vocación de dignidad, su alma, su mismidad… Por
ello, se acumulan estadísticas y cientos o miles de investigaciones
sociológicas sobre la pobreza y el hombre sigue indigente; lo mismo acontece
con la educación…y con otras áreas humanas. Tratemos, entonces, de entender la
realidad del educando, la nuestra y el mundo real en que nos encontramos
situados.
PRIMER
PASO: «Hacerse cargo de la realidad» implica entender la
situación real que tenemos ante nuestra mirada. Por ejemplo, entender la
situación de agresión y falta de respeto ante la cual podríamos encontrarnos en
una sala de clases: Entender sus causas, motivos que la impulsan, formas de
expresión, situación familiar de los educandos… Estudiar la realidad de cara a
ella, no es lo mismo que estudiarla en la abstracción de un discurso lineal
sobre la violencia que puede aparecer en un libro. No digo que el libro no sirva sino que es
complemento… pero no sustituto de la realidad.
El libro puede aclararnos algunos conceptos, entregarnos algún lenguaje
apropiado, algunas estrategias, precisamente, de acercamiento a la realidad que
nos preocupa y la cual debemos indagar.
Recuerdo un profesor de cuarto básico que acudió a la Universidad para
pedir una intervención en el curso del cual era profesor jefe… Se trataba de
niños entre 9 y 11 años a quienes catalogó de tal indisciplina, que le eran
“Incontrolables”. Recuerdo haber partido
con una dinámica que dio por resultado que ante un incendio, varios de ellos
preferían esconderse en un armario o taparse con sábanas y dejarse morir… No
había caso, no querían vivir ¿La razón? Producto de otra dinámica: la carta a
un amigo desconocido y leal que guardaría el secreto: varios contaban que sólo
molestaban en su hogar, que tenían miedo a la violencia del padre alcoholizado,
la madre ya sin paciencia… Otros… acusaban ser abusados sexualmente y no ser
creídos o encontrados culpables y no contar con el apoyo de la madre. Uno de ellos, prometía salir de su flojera y
tener la casa limpia, los platos lavados y ninguno roto, para cuando llegara su
madre del trabajo, quien lo amenazaba con abandonarlo si no hacía bien las
cosas… Y el profesor, que los veía a diario y ya por cuatro años, no tenía
idea…
Para hacernos cargo de la
realidad de cualquier realidad y llevarla hasta un salón de clases para
tratarla con los alumnos y/o apoderados, sin herirlos, sin exponer sus vidas
privadas, el cine nos entrega un aporte pedagógico incalculable; pues a través
de su ficción podemos llevar, en un lapso de dos horas, la violencia tal cual
se da en situaciones reales de vida: así, podemos presenciar la historia de una
agresión física y psicológica desde sus inicios y hasta su culminación;
aprehendiendo a través de ella lo que ocasiona el grito, la humillación, la
tolerancia de lo intolerable y, al final, la liberación y la búsqueda de la
identidad perdida. El cine, nos recrea una realidad sin desintegrarla; pues al
igual que la vida real, hace uso de un lenguaje no lineal. Nos permite conocer
todos los factores que inciden; la historia misma de cómo se fueron dando; los
personajes involucrados y sus formas de actuar e influir en ella.
Una pedagogía experiencial
necesita instalarnos en la realidad misma para que, por empatía, accedamos a
ella experiencialmente; a través no sólo de una observación directa, sino
íntimamente, esto es, haciéndola formar parte de nuestras propias experiencias
de vida –acogiéndola- para luego entenderla comprensivamente. A ello aludimos cuando decimos “me pongo en
el lugar de”, “siento en carne propia lo que te ha pasado”. Se trata, entonces, de imaginarse
intelectiva, moral y afectivamente lo que otros han vivido; es lo que también
se logra con las historias fílmicas que mágicamente, con el uso de los recursos
del lenguaje cinematográfico, nos introducen en un mundo que, aunque sabemos
ficticio, nos hace sentir lo que viven los personajes: nos enojamos con ellos,
reímos, lloramos, criticamos, damos consejos… El espectador de cine, en la
medida que conoce todos los elementos que conforman una situación: quienes son
los buenos, los que mienten, los engañados, las intenciones de los personajes,
sus fortalezas y debilidades, etc., entiende la realidad, por ello, puede
“hacerse cargo” de ella y, seguidamente, “hacer los cargos que corresponda”,
esto es, “cargar con la realidad”.
SEGUNDO
PASO: “Cargar con la realidad” implica determinar y
analizar los distintos grados de responsabilidades que se articulan en una
situación; distinguiendo entre causas, influencias y condiciones. La causa es
la determinante. Si no tienes el don o virtud del canto, por ejemplo, jamás podrás
cantar bien, aunque tengas la oportunidad de acceder a los mejores maestros de
canto. Pero si cantas bien, la causa es tu don y tu esfuerzo por realizarlo; el
maestro ha sido una buena y a lo mejor gran influencia o apoyo positivo, que ha
facilitado la acción de la causa que es siempre íntima, pero no es determinante
de tu realización; pues somos libres. Ahora bien, podrás saber cantar; pero si
estás afónico o estás en un recinto donde se debe guardar silencio; hay que
esperar o hacer algo para que cambien las condiciones. En otras palabras, la causa es determinante;
las influencias y condiciones, no.
Existiendo la causa –el talento- el ser humano puede superar toda
influencia y condicionamientos, como
también puede no aprovechar las influencias y condicionamientos
positivos: Tiene talento, lo medios óptimos para aprender, el tiempo y lugar
apropiado, pero la falta de voluntad o inseguridad, inhibe la actuación de la
causa, esto es, la actualización de su talento.
Superados los vicios o debilidades, podrá realizarse si lo hace “a
tiempo”; pues algunos talentos son condicionados por el paso del tiempo, a tal
punto, que se vuelven un “imposible de realizar”; ejemplo, el tenis a gran
nivel, la danza. Las causas son siempre
íntimas o internas (La causa de que el vidrio se quiebre con una piedra es su
fragilidad; si no fuera frágil, no se rompería ni con un balazo. Influencias para que la fragilidad actúe son
muchas: agua hirviendo, un terremoto, un alunizaje… Cargar la realidad, entonces, implica tener
claridad sobre cuáles son las causas de un actuar y qué lo motiva o influye,
condiciona.
TERCER
PASO: “Encargarnos de la realidad” implica estar en
condiciones de poder asumir la propia responsabilidad frente a quienes nos
hemos comprometido. Somos educadores; algo debemos hacer frente al dolor,
abandono, violencia que sufren nuestros
educandos; no podemos asumir una actitud de irresponsabilidad o de inoperancia.
Ser responsables implica responder de las consecuencias de lo que hacemos y de
lo que no hacemos. Por supuesto que para ello, tal como hemos visto, es
necesario hacerse cargo de la realidad, luego cargar con ella y, ahora,
encargarnos (responsabilizarnos) de ella; preguntarnos, entonces, qué debemos
hacer ante tal situación.
Cuando damos espacio y
derecho a cualquier acción injusta, sin hacer nada, no sólo aumentamos el daño
a quien ha sido injustamente agredido, sino que dificultamos la convivencia en
paz de un curso y damos lugar al mal ejemplo…
Debemos asumir nuestra
responsabilidad; atrevernos a mirar, ver y tomar las riendas para guiar a
quienes nos corresponda por buenos caminos y, si no existen, construirlos…
Buscar o crear un buen material en el cual los educandos descubran y logren
discernir y entender el buen y mal actuar, la diferencia entre virtudes y
vicios, se planteen dilemas éticos… Liderar para instar a otros a colaborar en
la misma ruta, elaborar planes de acción o programas educativos y, así, formar
en valores para erradicar la maleza y sanar las heridas de muchas almas.
Alfonso López Quintás,
afirmaba en el libro que escribiera junto a Gustavo Villapalos: “La
responsabilidad es siempre proporcional a la dignidad. La dignidad de quien
consagra su vida a orientar a niños y jóvenes es muy alta. Se hace responsable
del futuro de estas personas y, consiguientemente, de la sociedad”
Antes
de hacernos cargo de la realidad, debemos hacernos cargo de nosotros.
Entender o entendernos no es
fácil. Por ahora, digámoslo en forma simple: Somos lo que hemos ido haciendo de
nosotros a lo largo de nuestra trayectoria de vida; en ello debemos incluir lo
que podíamos o debíamos haber sido y no fuimos y lo que podríamos o deberíamos
ser y aún no realizamos. Generalmente, entender nuestro propio actuar personal,
es mucho más complejo que entender el de otros… A veces, la explicación o
comprensión de una actitud, decisión o comportamiento está en la interpretación
o sentido que hemos dado en el pasado a una experiencia que, para otros, podría
no tener mayor incidencia. Analizarnos
moralmente es difícil, influyen sentimientos y un pasado que no es recordado
tal cual ocurrió. Además, el pasado ya
fue, no es modificable; la esperanza está en proyectar un futuro que aún no
es. Es algo que todo educador debe tener
presente, para alentar al alumno a superarse y no aplastarlo, haciendo hincapié
en el error ya pasado.
Tercera Lectura:
Un modo de entender el encuentro personal y educativo.
http://educadesdelaciencia.blogspot.cl/search/label/K%29%20UNIDAD%20II%3A%20Perspectiva%20antropol%C3%B3gica
Desde la perspectiva de una
pedagogía educativa que tiene presente a la persona humana como un todo
indivisible, podemos distinguir fases que siempre involucran ese todo y trabaja
colaborativamente con los demás, en una convivencia en paz. Así, el pedagogo
debe saber crear situaciones educativas, que impulsen integralmente el proceso
educativo, en sus distintos aspectos:
Primera
fase: Preparación para vivir el encuentro
Causa de muchos desvíos de la
existencia y despersonalización de la misma, es la carencia de un sentido por
el cual vivir. Deambulando por la vida,
sin una dirección, sin un proyecto de ser, actuamos reactivamente. El
desinterés, desgano, acidia, aburrimiento van disminuyendo cada vez más las
energías que necesita toda persona para configurar un modo de ser que enfrente
los retos u obstáculos que le presentará la vida y los propios errores que
debemos salvar para realizarnos. Sin
energías, sin creatividad, sin un para qué vivir, no estaremos en condiciones
de fundar ámbitos de fecundidad necesarios para crear el ambiente educativo y
el encuentro pedagógico.
Mis decisiones trascienden mi
ser; mis errores o aciertos no sólo me afectan a mí sino a otros; no soy un ser
aislado, cerrado, sino abierto y actuando sobre otros seres. Es más, dada la
naturaleza de nuestra realidad, descubriremos más tarde o más temprano, que
sólo nos realizamos en el encuentro. Sin desarrollar la capacidad de encuentro,
no seremos capaces de atender a la verdad de la realidad, ni descubrir la
belleza natural como tampoco recrear la belleza de la obra de arte y valorar al
artista, tampoco tendremos la fuerza de ser para actuar correctamente, a pesar
de los obstáculos, ni la sensibilidad para amar al semejante… Si queremos
enseñar las ciencias, las artes, las tecnologías, la naturaleza y el ser
humano, lo trascendente, debemos aprender a crear ámbitos de convivencia fecundos;
por ello, educar para el encuentro debe ser uno de los propósitos centrales de
todo quehacer formativo.
Educar
la capacidad de encontrarse, requiere enseñar, es decir, ocasionar situaciones
que permitan:
A.-
Distinguir entre objetos y ámbitos: Si trato las realidades
ambitales y las cosas u objetos del mismo modo, confundido, valoraré lo que es
útil y despreciaré o rebajaré la dignidad de lo valioso. Las cosas son asibles,
utilizables, canjeables, a-personales, tienen precio; las realidades ambitales,
en cuanto personales, deben requieren ser acogidas, valoradas como tales. Un
objeto –un piano- puede ser elevado a realidad ambital, en la medida que la
persona lo “habita”: esa interpretación musical que extraigo de “mi piano”, ese
regalo que representa un momento único de mi vida, nuestro hogar…, nuestra
Universidad…
B.-
Distinguir hecho de acontecimiento: Un hecho es un dato
observable, medible, encasillable en un espacio y tiempo. Un acontecimiento es
un algo que nos acontece, que nos impacta, que conmueve nuestro ser, que no nos
deja indiferentes, sino conforma la historia de nuestra existencia. Para captar
la diferencia entre hecho y acontecimiento, debo captar su sentido. Para algunos, entrar a la Universidad puede
ser un hecho; para otros, un acontecimiento…
C.-
Distinguir significado de sentido: El significado lo da la
comprensión abstracta de los conceptos. El significado lo encuentro en un
diccionario. Así, si sé lo que significan los conceptos “mi”, “padre”,
“muerte”; es claro que tendré claro el significado de la frase “murió mi
padre”; pero no el sentido tan distinto que tiene esa misma frase dicha en dos
personas cuyas vidas han sido entretejidas de muy diversa forma según él
sentido que ha alcanzado en ellas la presencia de su padre...
D.-
Distinguir entre producto y obra: Un poeta no produce o hace
poemas; los crea. Los productos pueden reproducirse en forma automática. Un
producto requiere sólo de la técnica que requiere su producción. Cada creación,
en cambio, es única; expresa un momento
único de un ser también único; lo expresa; lo extiende en el tiempo… El poema “Éramos los elegidos del sol” de
Huidobro, surgió en un momento irrepetible y es, por lo mismo, irrepetible”
La creación transfigura la
realidad en un sentido de belleza, intimidad o religiosidad: el palo de escoba
para el niño se transforma en su caballo; la casa humilde en una morada –hogar;
el pañuelo en un símbolo de amor…
Segunda
fase: Recreación y encuentro
Es posible crear formas de
unidad profundas y fecundas que no implican un apoderamiento o uso de la
realidad o de las creaciones realizadas por otros; sino por el contrario,
requieren de nuestra actitud de respeto, entendimiento creativo y no por ello
manipulación o lejanía. Refiriéndose a esto, Alfonso López Quintás dice: “Una vez vivida esta
experiencia, verás con toda nitidez que la libertad y los cauces normativos se
complementan cuando se vive de forma creativa; no se oponen”. (“Cómo lograr una
formación integral”. Ed. San Pablo. Madrid 1996; Pág. 46).
Respeto e inspiración se unen cuando
vivimos desde y hacia lo profundo, lo valioso, lo fecundo...cuando somos
capaces de abrir nuestro entendimiento, nuestro “corazón” para otra realidad
que me solicita o inspira… Para acoger una obra o una realidad ambital, debo
re-crearla, vivenciarla, interpretarla, hacerla íntima hasta que reviva en mí.
La obra renace gracias a mí y a su vez me potencia, inspira, realiza. Es una
experiencia reversible: “voy en busca de una obra y la configuro en virtud del
impulso que ella misma me otorga”. Esta experiencia es requisito para existir
en plenitud los ámbitos personales: amorosos, artísticos, científicos, éticos,
religiosos, etc. Se trata de ser capaz de llevar a cabo la experiencia de
encuentro: experiencia reversible que se das entre seres personales;
entreveración de almas; diálogo. El encuentro me apela, me suscita, me
inspira…voy al encuentro no bajo el esquema dices-efectúo o actúas-padezco sino
co-participamos, co-creamos, nos invitamos, hacemos nuestro, colaboramos. Por
ello el encuentro requiere de amabilidad versus violencia, confianza versus
temor; valoración versus abuso.
La
finalidad educativa, o en lenguaje de moda “competencia” de todo educador, debe
ser “enseñar a fundar ámbitos fecundos de recreación y encuentro. A lo largo de
la vida descubriremos que cada realidad (nosotros mismos) no somos cosas sino
ámbitos, posibilidades que se abren y ofrecen una riqueza insondable de
posibilidades a la mirada inspirada.
Tercera
fase: Aprender a usar el lenguaje en toda su fecundidad
El
lenguaje no es sólo un medio para comunicar algo; tampoco encontramos en esta
función su mayor energía ni su fuerza formativa.
El lenguaje crea ámbitos: Ámbitos de
belleza, de acogida, de bondad, de religiosidad. Por lo mismo, un lenguaje
impulsado por el odio o por el afán manipulador se autodestruye porque anula
toda posibilidad de encuentro. De ahí el cuidado con el uso de los llamados
“términos talismanes” o “esquemas dilemáticos” que prejuzgan en la medida que
están vacíos de significado y sentido; buscando el poder y para ello escisiones
arbitrarias, simplificaciones falsas en una mirada superficial de la realidad.
La creación de ámbitos, la elevación de objetos a ámbitos, no es posible si se
carece de la capacidad de integrar vertientes diversas de la realidad: libertad
y compromiso, sacrificio y felicidad, intimidad y expresión, dignidad y
servicio; son algunos ejemplos de la unidad de diversos en lo profundo.
La
palabra, la imagen y el silencio son vehículos expresivos del encuentro: Es
cierto que cada palabra tiene un significado que debemos conocer pero ese
significado debe ser fecundado por nuestras vivencias de encuentro, de tal modo
que “den cuerpo” a las realidades ambitales, permitiéndonos comunicarnos y
comunicar un sentido único; no sólo comunicar “algo”.
Necesitamos
conocer las palabras guardadas en diccionarios, necesitamos conocer su
significado y usarlas para correctamente comunicar algo; pero el lenguaje tiene
un sentido superior: puede alumbrar modos únicos y originarios de sentido.
Mediante el lenguaje expresamos acontecimientos, pensamientos originarios,
credos, sentimientos, poemas, mundos imaginarios y mundos descubiertos…
Mediante
el lenguaje conformamos el armario de nuestra alma, nuestras convicciones,
decisiones, hacemos propuestas y re-cordamos. Por ello, cada obra literaria es
el fruto del encuentro de un hombre con una vertiente de la realidad, en un
momento único de su historia de vida.
Cuarta
fase: Cultivar el descubrimiento de los valores que impulsan la vía de plenitud
La
complejidad de nuestro ser, de nuestra existencia, nos lleva a distinguir entre
energías que nos encapsulan en un egoísmo que va al mundo ansioso de poder y
esas otras energías que me llevan a realizarme en un servicio de amor a los
demás.
Egoísta,
me siento centro del universo y toda realidad que se me presenta la considero
medio de mis propósitos. Deseo dominar, poseer y disfrutar las realidades que
aparecen deseables a mis impulsos de satisfacción. Paradójicamente, la realidad
que apetezco para satisfacción de mi ego, me seduce, me fascina. Al adueñarme
de estas realidades, al poner el sentido de mi vida en las cosas, al reducir lo
ambital a lo cósico, siento euforia, exaltación; pero al mismo tiempo, esta
visión del mundo y de mi propia existencia me rebaja, me anula en mi condición
personal, me insensibiliza para los valores más nobles, me deja en la soledad
de quien es incapaz de encuentro: es el proceso de vértigo.
Tanto
el vértigo como el éxtasis conducen a emociones intensas; pero el primero es la
caída del hombre que lo lleva a la pérdida, destrucción de sí. La pasión, las
drogas, la velocidad, las sensaciones, son estimuladas al máximo, sin importar
cómo ni a riesgo de qué. Se confunde,
entonces, la exaltación con la exultación que es, por oposición, el goce de la
auténtica realización personal.
El
éxtasis emerge desde la vocación de ser, de ser personas que van al encuentro
de otras personas y dispuestas a la generosidad, al respeto, agradecimiento,
responsabilidad, compromiso, sacrificio de amor. En esta vía de éxtasis, se
despliega la sensibilidad para la grandeza de los valores, de los ideales, de
la nobleza, lo sagrado, el respeto, la piedad. Es el ámbito de la felicidad,
del encuentro; de la apertura a los valores aunque estos nos exijan esfuerzo y
no nos ofrezcan placer, posesión, poder. Los valores confieren dignidad a
nuestras acciones porque expresan la dignidad de nuestra esencia de ser. Los
valores se revelan a quien participa de ellos: quien quiera descubrir el valor
de la justicia no debe limitarse a informarse sobre ella, pues sólo sabrá de
ella quien la vivencia a través de una vida justa, de actos de generosidad, de
fundar vínculos de armonía, equilibrio, colaboración.